Metafísica.

Por: Laura Martínez Domínguez.
Hay un nuevo visitante en la casa donde el diván de las divagaciones está en el centro de la sala, el reloj se olvida de dar la hora cada dos días y una araña resignada vive dentro de él.

El nuevo visitante es un cerdo, no hay broma en la frase, pero si de quien se lo regaló a la mujer dueña del gato que come filosofía. Aunque en estos momentos la mujer no sabe que es exactamente lo que pretendía el personaje salido de sus sueños al hacerle semejante obsequio.

El gato no lo puede creer, hay un cerdo ocupando su espacio, por lo menos no puede saltar al estómago de ella, y al parecer no está muy interesado en comer filosofía, por lo que en cierta medida está tranquilo.

La mujer también lo observa con curiosidad, no concibe la idea de que alguien le regale un cerdo y menos para que cohabite en la misma casa que ella, está tan asombrada como el gato, ha llegado a pensar que el cerdo no es real, pero entonces la palabra metafísica mágicamente aparece.

No tiene tiempo de desenredársela al gato, parece extasiado con ella y más vale dejarle en paz, además ha quedado en salir a comer, el personaje salido de sus sueños está en la puerta.

A su regreso encuentra al gato observando al cerdo. Los dos juntos son irreales y ella acaba de llegar de comer con Andrónico de Rodas, Suárez, Bacón, Descartes, con la idea de que asociar a la metafísica con el hecho de que las cosas flotan es totalmente equivocado, que debemos enfocarnos en la realidad, en el preguntarnos quienes somos, de donde venimos, hacia donde vamos; enfocarnos en esa Prima Philosophia que trata de cuestiones de la existencia de Dios y la distinción real entre el alma y el cuerpo del hombre, en palabras de Descartes.

Siempre que come con él es lo mismo, un numero incontable de nombres y personajes desfilan entre el primero y el segundo tiempo. Solo no le explicó el porque del obsequio, quizá fue sólo para que un poco de irrealidad se instale en ésta vida suya que suele ser tan real, tan metafísica. Difícil saberlo.

Es tarde, es hora de alimentar al gato, y de paso al cerdo metafísico que por cierto y de la nada ha desparecido.

En ésta ocasión en el tradicional FiloCafé Sabatino hablaremos acerca de Metafísica, así que esperamos contar con su asistencia en punto de las 6:00pm en el Cairo Café ubicado en División del Norte # 504-c.

La Felicidad

Por: Laura Martínez Domínguez

Una mujer ha vuelto al jocosamente llamado diván de las divagaciones, no le interesa saber que día es, el tiempo se encuentra suspendido y el reloj no sabe si indignarse o francamente alegrarse, la araña, aun no muere, por lo que se puede dar el lujo de verlo con interrogación.

El gato de siempre, juega con algo confuso e incierto pero parece feliz, sí feliz… la mujer lo observa y se pregunta si ella es feliz, si ha logrado acaso que la felicidad sea parte de su cotidianidad, de su día a día.

Hace tiempo que se formula esa misma pregunta y busca la respuesta debajo del diván que yace inerte en el centro de su sala… la respuesta escapa junto con el gato que trae arrastrando a los filósofos, a los mismos que opinan que la felicidad es el equivalente a la obtención de cierto bien o de ciertos bienes.

No hay manera de entenderlos, aun y cuando el personaje salido de sus sueños le recomiende consultar al último filósofo que lo ha deslumbrado, el de los viernes por la mañana, Aristóteles, el que en una frase opina que la felicidad es identificada con muy diversos bienes: la virtud, la sabiduría filosófica… quisiera adueñarse de su conclusión al resolver que las mejores actividades son identificables con la felicidad… no quiere hacer la pregunta obvia, -¿Cuáles son las mejores actividades?- Pero no lo puede evitar.

Boecio salta de un diccionario y le dice que es el estado en el cual los bienes se hallan juntos… la palabra bien vuelve a aparecer, el gato salta sobre su estómago, trae las patitas húmedas, la mujer trata de averiguar el porque, pero ese gato hace cosas demasiado misteriosas.

Baja al gato y camina hacia su escritorio, San Agustín ocupa su silla y solemnemente le dice que es la posesión de lo verdadero absoluto y, en último término la posesión de dios, es fácil para un santo pensar así, lo cierto es que nunca ha creído que pueda encontrar la felicidad en algo en lo que no cree del todo.

Vuelve al diván, el gato mastica las palabras de Santo Tomás de Aquino, y la habitación adquiere un color distinto uno en donde se dice que la felicidad no es solo un estado del alma, sino algo que el alma recibe desde afuera, pues de lo contrario no estaría ligada a un bien verdadero. Para la araña atrapada en el reloj esas palabras toman tanto sentido que una vez mas emprende la búsqueda para encontrar la salida.

El reloj ha decidido despertar al tiempo, las palabras de Kant no son claras y la mujer necesita que el tiempo la ayude a entender que la felicidad es el nombre de las razones subjetivas de determinación, después de todo ¿Quién puede entender semejante cosa sin antes tener al tiempo de cómplice?

Un libro rosado le dice sigilosamente que la felicidad no es el fin de ningún impulso, sino lo que acompaña toda satisfacción… la mujer aun no sabe si es tan feliz como el gato que mastica las palabras filosóficas y se moja las patitas con sabiduría, no sabe si en realidad la felicidad no es un bien en si mismo, sino que para saber que es hay que conocer el bien o bienes que la producen, lo que si sabe es que debe seguir buscando, hasta que el día de mañana sus acciones sean tan buenas como para que las pueda llamar felicidad.

Abandona el diván, el reloj no se mueve y la araña ha vuelto ha perder la búsqueda del plan perfecto de escapada.