El Derecho

Por: Laura Martínez Domínguez

La ausencia ya no es tal, se escapó por la ventana cuando la mujer regresó al diván y el gato brincó a su estómago relamiéndose los bigotes, una pequeña ala cuelga de uno de ellos, la mujer sospecha que los himenópteros siguen apareciendo en la cocina.

El personaje salido de sus sueños le ha enredado una idea conocida entre los cabellos; idea que va conforme a algo, a una cotidianidad que vive de la misma manera en que el reloj marca cada minuto de cada hora.

La mujer recuerda la conversación con ese personaje salido de sus sueños, recuerda la convicción con la que ella le asegura que el Derecho es ir de acuerdo con una regla, aquello que la acata o cumple sin desviaciones o vacilaciones.

El gato bosteza, tiene hambre y no ve que la mujer esté dispuesta a abandonar su sitio para alimentarlo, por lo que decide salir a lamer su tazón que siempre guarda migajas de filosofía.

La araña ha abandonado el número cinco y le dice al reloj que deje de refunfuñar, que se dedique a dar la hora exacta, que se apegue a la regla, que deje de pensar que no es justo el tener que marcar la hora hasta la eternidad. El reloj se queda callado, sabe lo que debe hacer, sin embargo, sabe que siempre hay una alternativa, una realidad que rebasa ese deber.

La mujer lo comprende, está conciente de que el Derecho, se opone a lo que existe de hecho; es lo que debe ser de una manera determinada, es el conjunto de cuanto es legítimo. La araña apela a la buena fe de un reloj enloquecido, a sabiendas de que no hay sanción alguna por suspender el tiempo.

Hegel aparece y le dice que el Derecho es la primera posición del Espíritu objetivo, como la pura exterioridad negada por la conciencia moral y superada por la Eticidad. El gato aun no supera lo de los pitagóricos, por lo que Hegel se ve obligado a abandonar la habitación.

La mujer decide abandonar su sitio, las ideas se agolpan en su cabeza, recuerda a ese personaje empeñado en subordinar al Derecho a la Justicia, afirmando que si no es justo no es derecho; la mujer le respondió con una sonrisa y le afirma que el derecho no es justo, pero tampoco injusto, que el derecho es ese conjunto de normas generales e impersonales, que la justicia es un problema de caso concreto, de subjetividad que tiene que ver más con aplicación que con teoría del derecho.

De pronto su diván toma una dimensión surrealista y empieza a tomar orientaciones, como puntos cardinales, como puntos de partida en donde alguien trata de proporcionarle cada versión mediante la cual esta construido el Derecho.

Podría ser verde o quizá oliva aquel que representa al derecho como una codificación, lo mas formal posible, de ciertas actividades humanas, lo cual lo hace independiente de otras esferas, como por ejemplo de la ética.
E. García Máynez trae consigo una funda rosa que por ser formalista busca los fundamentos de una lógica jurídica que termine en una axiomatización de la ciencia del Derecho. Todos los habitantes de la casa, reloj incluido, le dicen que si cambia el color de la funda, les empieza a gustar la idea.

García Máynez lo reconsidera y sale de la habitación, pero el diván ha tomado el color ocre de la historia que dice que el origen de las normas jurídicas se basa en las condiciones históricas. A la araña le gusta el concepto, la mujer sabe que en parte tiene razón, pero hay algo inacabado en el concepto… el cual cambia nuevamente y un color crudo aparece de la nada diciendo que el derecho es básicamente naturalista y que se comprende en función de los postulados capitales del naturalismo, la mujer le pregunta ¿de que sirve saber que tienes derechos si nadie sanciona la violación de los mismos?

L. Recasens Siches, trae el color ambiguo de una teoría de valores, de un derecho que te invita a analizar la vida humana, que te invita a discernir entre lo que se debe y no hacer.

El diván es nuevamente anaranjado, la mujer se sienta sobre él y piensa en esa cotidianidad que ella asume cual profesión, que ella elige cual vocación, y lo piensa porque sabe que el Derecho tiende a causar la polémica de la utopía que no somos capaces de asumir y solo la vivimos según se ajuste a nuestras necesidades, a nuestra conveniencia.

La mujer alimenta al gato, mientras la araña sonríe al ver la buena fe de un reloj que ha decidido no suspender el tiempo.

En esta ocasión el Derecho es el tema de una tarde agradable de FiloCafé, por lo que los invitamos a reunirse con nosotros en punto de las 6:00 pm en el Cairo Café ubicado en División del Norte # 504-c.

Los esperamos.

1 thought on “El Derecho

  1. Miguel Angel says:

    El reloj existe a causa del tiempo. El tiempo no dejará de avanzar aunque el reloj se niegue a marcar su paso.

    Y es que el tiempo se desarrolla de forma lineal, va de un momento a otro momento, el tiempo de esta cuarta dimensión, siempre camina derecho, inevitablemente, invariablemente; y además, el recorrido del padre Cronos, se cumple sin desviaciones, rodeos o vacilaciones… así debe ser.

    …el reloj se sonroja y el gato al saltar de la mesa cae, como siempre, derecho.

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