El buen gusto

Al considerar algunas afirmaciones de Hanna Arendt sobre el comportamiento de “buen gusto” en las figuras políticas, surge la pregunta ¿qué es le buen gusto? la reflexión del filocafé del 23 de octubre del presente sobre este tema se presenta a continuación:

El gusto
Este sentido humano presenta una dualidad; se puede entender por gusto el sentido biológico que radica en el paladar, también se integra las preferencias que son gratas a cada individuo. Aunque el gusto es un sentido natural, se debe educar, desarrollar y perfeccionar; aunque no hay gusto de grupo, ya que cada individuo lo desarrolla personalmente este, tiene connotaciones culturales.

El gusto es la capacidad de saborear por lo tanto de saber, el placer se presenta en este sentido de forma física al degustar y estética al apreciar.

Degustar

Es una capacidad importante del sentido del gusto, y aún más del buen gusto. Saber degustar implica percibir los pequeños detalles que integran determinado un todo, apreciar estos detalles permite educar el sentido del gusto, la oportunidad de gustar diversas variantes de una misma categoría posibilita emitir un juicio especializado sobre dicha categoría, como lo hace un catador de vinos o un crítico. El percibir si algo es agradable es la parte primigenia de la degustación.

El degustar es un placer propio del sentido del gusto; en la cultura Indú se aprecia enormemente la degustación de alimentos con la estrategia de masticar al menos 20 veces cada bocado, a fin de extraer su jugo y sustancias. El placer que se genera al degustar incluye un análisis, comparación y variación de los detalles presentados en cada situación.

¿Qué es el buen gusto?
Podría decirse que el buen gusto es la suma de las acciones, hábitos, modales y costumbres que cubren las expectativas de determinado grupo social. Este se refleja de forma interna y externa. El aspecto interno refiere el placer que repercute para el propio individuo; el buen gusto se persive a través de los sentidos, en la música que se escucha, en un paladar refinado, un olfato fino, un ojo analítico. Una persona de buen gusto no es concluyente sino persuasivo y sutil en sus juicios emitidos.

Externamente el buen gusto se refleja en el trato con su entorno, resulta sumamente placentero el trato fino, generalmente las personas con buen gusto tienen buenas costumbres, lo que no es una constante a la inversa, inclusive existen casos en los que el buen gusto va en contra de las costumbres operantes.

El gusto es individual, el buen gusto es social, lo que permite la existencia de criterios de buen gusto universales, tales como, los derechos humanos, la justicia social y la equidad.

El buen gusto en la política.
Los parámetros de gusto invididual, se parecen a las reglas establecidas socialmente; las personas se agrupan en función de sus gustos particulares, estos grupos son el ámbito de la política. La educación del buen gusto político puede reflejarse en el perfeccionamiento de la capacidad para relacionarse, dialogar e interactuar, existen a este respecto personas negativas, positivas y sabias.

El juicio determina al gusto y se usa para evaluar costumbres, gustar de algo implica enjuiciar algo, entonces deriva la atractiva idea de un juicio político…

De todo lo anterior se surge la siguiente definición:

“El gusto es un sentido humano a través del cual cada individuo establece sus parámetros; el respeto y la integración de estos parámetros lleva a la construcción de grupos y a la concepción social de buen gusto. Los gustos grupales son el ámbito de la política.”

El Juicio

Por: Laura Martínez Domínguez.

La mujer está en el diván, lee “Instrucciones para un descenso al infierno”; lo encontró el día en que el personaje salido de sus sueños decidió que su ausencia tenía que ser real, palpable, y aunque la palabra libertad de pronto toma sentido, sabe que no es la correcta. La correcta, es el juicio o la total y completa falta de él.

El gato despertó con Locke pegado en la cola, su alegría fue tal que decidió correr hacia el diván; la mujer despega a Locke mientras este le dice que el juicio es el acto mental por medio del cual nos formamos una opinión de algo. Una opinión es lo que ella necesita, pero tiene que ser la opinión correcta, no la que se basa en prejuicios.

El reloj marca un minuto eterno, el de la espera, el de la desesperación por que el pasado vuelva a ser presente. La mujer lo mira con añoranza, pero es interrumpida por Bolzano quien le afirma que es una operación de nuestro espíritu en la que se contiene una proposición que es o no conforme a la verdad y según la cual se dice que el juicio es correcto. Una vez más la palabra correcto, una vez más se tiene que librar del prejuicio, todo tiene que ser apegado a la verdad… la mujer mira al gato, el gato le hace la promesa de buscar a la verdad, siempre y cuando llene su tazón de la felicidad aristotélica que tiene de reserva en la alacena. La mujer y el gato tienen un trato.

Pfänder es atrapado por la araña, quien ha dejado de enredarse en el infinito que le proporciona el número 8 y ahora toma el sol desde el número 12, lo atrapa cuando pretende escabullirse del último minuto diciendo que es un producto mental enunciativo. La araña salta, el sol es demasiado para sus patitas.

En tanto los lógicos se instalan en el diván, y cuando la mujer regresa le dicen que es un acto mental por medio del cual pensamos un enunciado. Pensar con juicio, hasta perderlo o hasta que los prejuicios sean barridos, hasta que se entienda el sentido de la libertad aunque el tema y la preocupación sean otras, hacerse una opinión correcta, una búsqueda eterna de la felicidad que Aristóteles defiende hasta el cansancio.

De pronto, el ambiente cambia y un cuarteto de ardillas entra en la sala, el gato las observa y se da cuenta que lo que traen entre las manos podría ser comestible. Las ardillas saltan al diván y se despliegan las clasificaciones de los juicios, cual cubos armables; así desde la cualidad dicen que son afirmativos y negativos; desde la cantidad son universales y particulares; la relación tiene tres aristas: categóricos, hipotéticos y disyuntivos; y por último la modalidad quien dice que son asertóricos, problemáticos y apodíticos. Las ardillas corren, temen ser atrapadas por el gato, además al parecer se han equivocado de diván y deben resolver la confusión, el gato les ofrece un trozo de verdad, pero las ardillas no lo escuchan, lo cual siempre es un problema, y simplemente salen de la casa, sin que nadie sepa con certeza el lugar por donde entraron.

El reloj, luego de la invasión de ardillas, en lugar de marcar minutos, marca siglos, y simultáneamente se escuchan los siglos XVII y XVIII, por lo que los autores de esos siglos entran diciendo a coro, y todos al mismo tiempo, que el juicio es un acto de entendimiento basado en la fuerza de convicción. La mujer piensa que perderá la idea si sigue tratando de encontrar el juicio.

Sin embargo, Kant llega y le dice que el juicio es solo el conocimiento mediato de un objeto, el libro rosado resopla y le dice que Kant es demasiado ambiguo, y muy poco explicito con el juicio. La mujer toma el libro rosado, acude a él esperando que le dé la respuesta correcta, si, que le muestre la verdad, porque al parecer carece de juicio, y tan solo posee todos los prejuicios habidos, y sus opiniones terminan por no importar, porque de igual manera están equivocadas.

El gato sube de nuevo al diván, solo encontró parte de verdad, pero confiesa haber vaciado su tazón. El reloj está cansado de los siglos, ahora marca horas de desolación y de soledad impuesta por el ser salido de los sueños, mientras la araña considera que es de buen juicio buscar la salida, para dejar de estar arrojada en un reloj.

Este sábado 23 de Octubre de 2010 los invitamos al tradicional FiloCafé para que discutan y aprendan con nostros el tema de El Juicio, en punto de las 6:00 pm en el Cairo Café ubicado en Avenida División del Norte # 504-c.

Los Esperamos.