Hierbas, Herjías y filósofos

Hierbas, Herjías y Filósofos
Por: David Hernández y Zully Zambrano

Gustavo se había sentido mal del estómago últimamente y los medicamentos que le recetaban no surtían efecto, así que decidió ir con su abuela, toda su vida había escuchado que ella sabía de “hierbas” y de esas cosas extrañas, sin haberle parecido interesante en algún otro momento. En su desesperación, le pide a su hermana Ana que lo acompañe con ella:

-Hola abuela- dijeron a coro los dos hermanos
-Hola niños, ¿cómo han estado?
-Pues un poco enfermo abuela- contesto Gustavo
– ¿Qué te pasa hijo? Ven cuéntame
-Ando malo del estómago y las medicinas del doctor no me han hecho efecto, me siento muy desesperado y cansado abuela.
– Pero ya le dije abuela, que esas pastillas no le harán nada si no se calma y se pone a rezar un poco para tranquilizarse.

En ese momento, el padre de los niños irrumpe en la conversación, buscando a sus hijos:

-¡Aquí están hijos! …¡Gustavo! ¿Viniste a molestar a tu abuela con esos malestares tuyos? Ya te dije que te tomes las pastillas, tu abuela sólo te dará menjurjes extraños y te harán peor!!
-Per mi’jo, Tavito está aquí porque quiere aliviarse, las pastillas que le dio el médico no le han podido quitar eso que trae.
-Vámonos a la casa Gustavo y Ana, las pociones extrañas de su abuela no les puede ayudar en nada!
-No papá -dijo Ana- Gustavo tiene que tener fe para poder curarse.
-¡Qué fe ni que nada! Vamos de nuevo con el doctor para que te de otras pastillas más fuertes
-No hijo, deja le preparo su bebida a Gustavo antes de que se vayan

La discusión comenzó a tornarse incómoda para todos, afortunadamente el abuelo llegó al momento justo para mediar las cosas:
-¿Qué es todo este escándalo?
-Nada papá, ya nos íbamos
-¡Abuelo! –gritaron con alegría y alivio Gustavo y Ana-
-Hola hijos, veo que han venido por una dosis de filosofía ¿no es así?
-¡Ay papá, vas a empezar con tus cosas otra vez!
-A ver a ver, tú también deberías escuchar de vez en cando lo te digo, ven y siéntate junto a tus hijos.

Se calmaron los ánimos y todos se sentaron para escuchar al sabio abuelo, pues sus consejos siempre habían sido acertados y oportunos. El abuelo comenzó a hablar tranquilamente:

-Hijos, ningún mal de este mundo va a solucionarse si todos gritan y discuten, les apuesto que nadie le ha preguntado a Tavito ¿cómo se siente? Y desde cuando ha sentido este malestar.

– Pues, la verdad abuelo, estoy muy preocupado por mis exámenes ya voy a entrar a la secundaria y las tareas son muchas y en el equipo, los entrenamientos me están dejando agotado por qué…
– Tranquilo hijo, tranquilo, lo que te pasa a ti es que tienes demasiado estrés, cuentas con actividades demasiado demandantes, tienes que relajarte no pasa nada hijo.
-Pero abuelo, es que…, el tiempo… y mis…yo…
-Relájate muchacho, date un respiro y piensa, ¿qué es lo más importante para ti?, ¿qué es lo que quieres?
– No estoy del todo seguro abuelo, pero deseo ya no sentirme así
– Hijo, antes que nada debes darte un tiempo para reflexionar, para pensar, no creas que hablar de filosofía o filosofar es cosa de locos. Locos aquellos que creen en que una hierba vendrá a elegir el camino de su vida o que el no hacer nada resuelve las cosas, es más hijo, acompáñame este sábado 7 de mayo a un filocafé, es a las seis de la tarde, ahí entre varios filósofos podrás ver que a herejía no te lleva a nada bueno
– ¿De verdad abuelo? ¡Quiero ir, suena grandioso!
– Podemos ir todos si les parece, cada sábado se reúnen en el Cairo Café para dialogar y discutir varias cuestiones sobre la vida, no sólo hierbas y medicamento son una opción, eso no puede curar el alma

-¿Y la filosofía si abuelo?

– Eso lo veremos este sábado

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