La Vocación.

Por Laura Martínez Domínguez

La mujer esta recostada en el diván anaranjado, piensa en los personajes mitológicos, en aquellos que por los que se narran historias interminables, batallas increíbles, piensa en aquellas princesas, damiselas que se quedaban en los grandes castillos a esperarlos…

Mientras la mujer divaga en el diván, el gato, que alguna vez pensó tener vocación de líder, se regocija al haber encontrado al cuarteto de ardillas incapaces de escuchar una sola palabra, su placer es efímero, las ardillas corren de nuevo. Pero sin quererlo el reloj marca un minuto menos incierto que el anterior y la araña se pregunta por la mujer…

En el diván, la mujer descubre que una palabra se le ha enredado en el cabello, la vocación se materializa cual imagen en tercera dimensión y la mujer se pregunta por la suya, por aquella vocación que supuestamente descubrió cuando tenía 5 años, la de la justicia a toda costa; sin embargo, debe dejar su pensamiento en pausa, tomar al gato y descubrir que arrastra a Heidegger quien haciendo uso del sentido etimológico, se trata de un llamado, en el curso del cual la existencia se dirige la palabra a si misma… la araña ríe a carajadas, se pregunta qué pasaría si la existencia de pronto dejara de dirigirse la palabra a sí misma, pensando quizá en una rabieta existencial.

La mujer también se preguntó lo mismo, sin embargo, y como es costumbre Ortega y Gasset irrumpe en su diván sin siquiera tocar a la puerta y le presenta a la vida humana como vivir con sus circunstancias, las cuales pueden impedir o pueden contribuir a que la vida se realice a sí misma, es decir, sea fiel al yo insobornable. Esto es justamente la vocación, la cual es estrictamente individual e intransferible… Ortega y Gasset afirma que tiene prisa, la circunstancia de su yo lo soborna para que siga su camino.

El gato juega con Heidegger, no había descubierto cuan divertido es… la mujer busca al libro rosado y este le responde que la vocación es el llamado o el destino equivalente al designio o programa vital, el curso del cual la vida llega a ser lo que auténticamente es… la mujer regresa a su pensamiento inicial a la vocación par ser héroe, o para ser aquella que se queda en casa tejiendo un sudario resistiendo a las propuestas de los pretendientes… la mujer piensa en el personaje que alguna vez salió de sus sueños y lamenta no haber tenido vocación para tejer ese sudario.

El reloj marca un minuto más por rutina que por vocación, el gato duerme en el diván esperando encontrar de nuevo al cuarteto de ardillas o a la marmota, mientras la mujer vuelve al diván y retoma las instrucciones para un descenso al infierno.

Este Sábado la tarde de FiloCafé será el pretexto para dialogar acerca de la Vocación, así que no falten, los esperamos en punto de las 6:00 pm en el Cairo Café, ubicado en División del Norte # 504-c.

Esperamos su Asistencia.